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Cristo asciende pero no se aleja.

Reflexión del Domingo de la Ascensión del Señor – 17 de mayo de 2026
16 de mayo de 2026 por
Pbro. Víctor Hugo García Anaya

Estamos en este domingo 17 de mayo de 2026, celebrando el Domingo de la Ascensión del Señor. Nos encontramos ya a una semana de terminar esta cincuentena pascual.

En este Domingo de la Ascensión escuchamos dos relatos que nos hablan de este misterio.

Por un lado, en la primera lectura, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra, por medio de san Lucas, el momento en que Cristo sube a la derecha de Dios. Cristo no se aleja, no se va de la vida de la comunidad; simplemente se hace presente de una manera distinta.

Ahora Cristo está presente en medio de nosotros a través de los sacramentos, de una manera muy particular en el sacramento de la Eucaristía, pero también en la vida de la comunidad cristiana.

En la medida en que dos o más nos reunimos en su nombre, el Señor está ahí, en medio de nosotros. Por eso nos reunimos en comunidad: para hacer presente a Cristo. Y en comunidad actuamos, precisamente, con este deseo de hacer presente a nuestro Señor resucitado.

Pero, por otro lado, también escuchamos la narración del Evangelio según san Mateo, y es ahí donde quisiera detenerme.

En esta fiesta de la Ascensión hemos escuchado el final del Evangelio de san Mateo. Cristo ha convocado a los apóstoles a ir a Galilea el día de la resurrección, y los apóstoles van.

Es interesante este detalle. Como ya decíamos, es el día de la Pascua. Ir a Galilea es una invitación a volver a comenzar.

La historia de los apóstoles en el seguimiento de Jesús no ha sido fácil. Ha habido tropiezos, miedos, inquietudes y traiciones. Pero Cristo sabe que son capaces de ser continuadores de su obra. Por eso los convoca: para volver a comenzar.

También en nuestra vida cristiana, Cristo sabe de nuestros errores, de nuestros pecados, de nuestras limitaciones. Sabe de mis pecados y de mis limitaciones. Y aun así nos hace esta invitación:

Comencemos de nuevo, para que seas un verdadero testigo.

Creo que esta es la invitación de hoy, en el Domingo de la Ascensión. Esta es la tarea de la Iglesia: ser testigos de Cristo, también desde nuestra historia, desde nuestras fallas y desde nuestras caídas.

Así se da testimonio.

Hemos caído, hemos pecado. Yo he caído, yo he pecado. Pero Cristo nos da la oportunidad de volver a comenzar, y en ese comenzar de nuevo, animar también a otros en este proyecto de seguimiento.

Y nos manda. No nos deja sin tarea:

vayan, enseñen, compartan, bauticen, den la gracia.

Y nos deja una promesa:

“Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

Cristo ha sido bueno con nosotros para que nosotros también seamos buenos con los demás.

Cristo nos ha rescatado para que también nosotros ayudemos a que su gracia rescate a otros.

Cristo me ha perdonado. Cristo te ha perdonado. Por eso estamos llamados a ser testigos de su perdón y de su misericordia.

Hoy, Domingo de la Ascensión, recordamos que la Iglesia tiene que ser signo presente y permanente de la presencia del Resucitado.

Que hoy asumamos esta tarea misionera. No tengamos miedo de compartir nuestras debilidades, nuestras pequeñeces y cómo Dios nos ha salvado de ellas.

En eso nos volvemos testigos: no de lo que nosotros hemos hecho, sino de lo que Él ha hecho y sigue haciendo por mí, por ti y por todos.

Él seguirá acompañándonos.

Feliz domingo. Feliz fiesta de la Ascensión. Dios te bendiga.

Pbro. Víctor Hugo García Anaya 16 de mayo de 2026
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