Ir al contenido

El Señor es mi Pastor

Reflexión del IV Domingo de Pascua – 26 de abril de 2026
25 de abril de 2026 por
Pbro. Víctor Hugo García Anaya
“El Señor es mi pastor, nada me faltará. ¡Aleluya!”

Con esta frase respondemos hoy al salmo responsorial en este cuarto domingo del tiempo de Pascua, tradicionalmente llamado el Domingo del Buen Pastor.

Cada año, en este domingo, la Iglesia nos invita a contemplar un fragmento del capítulo diez del Evangelio según san Juan, donde Jesús se presenta como el Buen Pastor.

Esta imagen no es menor. En el Antiguo Testamento, Dios mismo es reconocido como el Pastor de su pueblo, y el profeta Ezequiel anuncia que también el Mesías sería un buen pastor. Por eso, cuando Jesús se presenta como el Buen Pastor, está revelando algo muy profundo: está manifestando su divinidad.

Él es Dios… y es Buen Pastor.

Y lo es porque, entregando su vida, nos abre el acceso a una realidad nueva: la vida que brota de su pasión, muerte y resurrección. Estamos llamados, precisamente, a vivir esa vida nueva del Resucitado.

En el Evangelio escuchamos algo muy significativo:

Jesús dice que conoce a sus ovejas y que ellas lo conocen a Él. Y añade que las llama por su nombre.

Este es un detalle profundamente importante.

El Señor nos conoce. No somos uno más.

Conoce nuestra historia, nuestras virtudes… pero también nuestros pecados. Y esto no es una amenaza, sino una expresión de su amor y de su misericordia.

Dios no nos llama por nuestro pecado. No nos define por nuestras caídas.

Nos llama por nuestro nombre, porque no somos nuestro error: somos sus hijos, somos sus hermanos.

Y precisamente porque nos llama por nuestro nombre, nos invita a algo más grande: a entrar en su vida.

Jesús mismo lo dice:

“Yo soy la puerta de las ovejas”.

Entrar por Él es aceptar esta invitación a una vida distinta. Es entrar en una relación con Él que nos permita descubrir que la vida puede ser nueva, que puede ser transformada.

Y es muy interesante lo que dice el Evangelio:

“Podrán entrar y salir”.

Esto habla de libertad.

No una libertad para hacer lo que queramos, sino una libertad para hacer el bien. Una libertad que nos permite encontrar un nuevo camino, un nuevo proyecto de vida, una nueva manera de caminar.

Por eso, esta fiesta del Buen Pastor es tan significativa.

Es contemplar a un Dios que conoce nuestras limitaciones, pero no nos reduce a ellas. Que conoce nuestros pecados, pero no nos define por ellos. Que conoce nuestra historia… y aun así confía en nosotros.

Confía en que, si entramos por Él, podemos cambiar, renovarnos, comenzar de nuevo.

Ésa es la grandeza del Buen Pastor: nos abre la puerta de su vida y de su corazón, para que, entrando por Él, encontremos la salvación.

Domingo de las Vocaciones

Pero además, este domingo también es el Domingo de las Vocaciones.

La Iglesia nos invita a orar por quienes han sido llamados a servir como pastores, especialmente por los sacerdotes.

El Papa nos recuerda algo muy importante: los sacerdotes no son funcionarios ni héroes solitarios. Son hijos amados, discípulos y pastores que también necesitan ser sostenidos por la oración de su pueblo.

Por eso hoy se nos pide algo muy concreto: orar por ellos.

Orar por quienes atraviesan momentos de dificultad, de cansancio o de crisis. Acompañarlos sin juzgar, agradecer su servicio sin exigir perfección, y sostenerlos con cercanía y oración sincera.

Porque el cuidado de quienes pastorean al pueblo de Dios es una responsabilidad compartida de toda la Iglesia.

Hoy, pidamos al Señor:

  • Que nos conceda reconocer su voz,
  • que nos dé la gracia de entrar por Él,
  • y que nos permita vivir esa vida nueva que nos ofrece.
  • Pidamos también por todos los sacerdotes, para que sean fieles a su vocación y para que, a través de ellos, podamos seguir experimentando el amor del Buen Pastor.

Feliz domingo.

Dios te bendiga.

Pbro. Víctor Hugo García Anaya 25 de abril de 2026
Compartir esta publicación
Quédate con nosotros
Reflexión del III Domingo de Pascua – 19 de abril de 2026