Ir al contenido

Envía, Señor, tu Espíritu

Reflexión del Domingo de Pentecostés – 24 de mayo de 2026
23 de mayo de 2026 por
Pbro. Víctor Hugo García Anaya

La fiesta de Pentecostés no es propiamente la fiesta del Espíritu Santo, aunque ciertamente Él es protagonista. Es protagonista porque es fruto de la Resurrección: Cristo resucitado nos comparte su Espíritu para que, al recibirlo, podamos ser continuadores de su obra.

Esa es la función de la Iglesia: continuar el Reino que Cristo vino a instaurar y, con su gracia, hacer las obras de Cristo, para que este mundo tenga la presencia de su Reino.

Hemos escuchado, en ese sentido, la continuación de lo que san Lucas nos presentaba la semana pasada. El domingo pasado, en la primera lectura, escuchábamos la narración donde Cristo se reúne con los apóstoles y sube al cielo.

Si recordamos el final de ese texto, los discípulos se quedaban mirando al cielo, y aquellos dos personajes vestidos de blanco les decían: “Ese Jesús que ha subido al cielo volverá”.

En esa escena, Cristo tiene un diálogo con los apóstoles. Ellos le preguntan si ahora sí va a restablecer la soberanía de Israel.

No olvidemos que los apóstoles tenían esta idea: Cristo era el Mesías, sí, pero pensaban en un Mesías que venía a instaurar un reino humano, donde sometería a todos los pueblos. Aunque Cristo les insinuó, e incluso les dijo directamente, que ese no era el estilo del Reino que Él venía a traer, los apóstoles no terminaban de entenderlo.

Lo entenderán ahora, con la presencia del Espíritu Santo.

Por eso, en la narración que continúa el texto que hemos escuchado hoy, en el momento en que el Espíritu desciende sobre la comunidad apostólica, aparecen unos signos sensibles muy interesantes: el huracán y el fuego.

Dos elementos que destruyen

Y es que la irrupción del Espíritu Santo en la vida de la comunidad es eso: necesitamos destruir aquellas ideas que no concuerdan con las ideas de Cristo, y dejar que sea el Espíritu Santo quien configure esta nueva comunidad, para que se convierta en una comunidad que, al verla, realmente nos lleve a la presencia de Jesús.

También nosotros necesitamos nuevamente la fuerza del Espíritu Santo.

¿Cuántas cosas tiene que destruir el Espíritu Santo en nuestra vida personal, en la vida de la comunidad cristiana y en la vida del mundo?

Estamos viviendo momentos muy complicados: soberbia, odio, deseos de venganza, muerte; momentos en los que muchas veces lo que menos queremos es servir a los demás, y más bien buscamos sentirnos superiores o someter a los otros.

El Espíritu Santo ha venido, y viene, con la misma intención de aquel Pentecostés: destruir todo aquello que no va de acuerdo con el mensaje de Jesús, y dejarnos ver lo que realmente quiere Dios de nosotros.

  • Dios quiere convertirnos en servidores.
  • Quiere convertirnos en una comunidad que acoge y acompaña.

Esa es verdaderamente la Iglesia de Cristo, y lo logra gracias a la fuerza que el Espíritu Santo le trae.

Por eso, en este domingo, pidamos al Espíritu Santo que venga sobre la Iglesia, que venga sobre nuestras comunidades, que venga sobre nuestra familia, y que venga de manera personal a cada uno de nosotros.

Que destruya todo aquello que no es propio de un discípulo de Jesús, y que nos permita rehacernos, ser personas nuevas, para poder tomar la figura de Cristo en nosotros mismos.

Quisiera terminar este momento de reflexión con el salmo que rezamos en la misa de hoy:

  • “Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya.
  • Bendice al Señor, alma mía;
  • Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
  • Qué numerosas son tus obras, Señor;
  • la tierra está llena de tus criaturas.
  • Si retiras tu aliento, toda criatura muere
  • y vuelve al polvo.
  • Pero envías tu Espíritu, que da vida,
  • y renuevas el aspecto de la tierra.
  • Que Dios sea glorificado para siempre
  • y se gocen sus criaturas.
  • Ojalá que le agraden mis palabras,
  • y yo me alegraré en el Señor.”

Que el Señor nos envíe su Espíritu.

Que renueve la faz de la tierra.

Que renueve mi vida, tu vida, y que de verdad seamos agradables a sus ojos.

Feliz domingo. Dios te bendiga.

Pbro. Víctor Hugo García Anaya 23 de mayo de 2026
Compartir esta publicación
Cristo asciende pero no se aleja.
Reflexión del Domingo de la Ascensión del Señor – 17 de mayo de 2026