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La misión nace de la compasión

Reflexión del XI Domingo del Tiempo Ordinario – 14 de junio de 2026
13 de junio de 2026 por
Pbro. Víctor Hugo García Anaya

Estamos comenzando una nueva etapa en el Evangelio según san Mateo. La semana pasada escuchábamos la vocación de san Mateo, en la que él mismo nos presenta su llamado. Hoy comenzamos este nuevo discurso.

Recordemos que san Mateo escribe su Evangelio con base en cinco grandes discursos: el sermón de la montaña, el sermón de la misión, el sermón en parábolas, el sermón de la comunidad y el sermón de los últimos días.

Antes de la Cuaresma leímos el primer sermón. Ahora que hemos retomado el Evangelio, estamos escuchando el segundo: el sermón de la misión.

Me gustaría fijarme en los detalles que san Mateo pone antes de comenzar este segundo sermón.

Jesús ve a las multitudes.

La semana pasada platicábamos cómo la vocación, no solo de san Mateo, sino también la de los primeros discípulos, sucede en su ambiente, en su espacio.

Pedro, Andrés y Santiago estaban junto al lago, cerca de las barcas, remendando las redes. Ahí se acerca Jesús y ahí los llama.

Mateo estaba en su mesa, como recaudador de impuestos, en su propio ambiente, en su contexto. Ahí va Jesús y lo llama.

Jesús no es ajeno a la realidad de las personas. Está cerca de ellas y las mira. Mira sus realidades, sus retos, sus penas, sus dolores y sus alegrías.

Y dice algo muy interesante: se compadece de ellas.

La palabra compasión a veces podría parecernos algo peyorativo, pero no lo es. Compasión quiere decir padecer con el otro.

Jesús sufre con nosotros.

Cuando nos compadecemos, en palabras más nuestras, somos empáticos con el dolor y el sufrimiento de la otra persona.

Jesús se compadece y no se queda de brazos cruzados, sino que pone remedio a esa realidad.

Hay una frase muy interesante: mira que el pueblo está como ovejas sin pastor.

Estas comparaciones son muy propias del Evangelio. La semana pasada veíamos esta otra imagen: no son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos.

Ahí aparece la relación entre el médico y el enfermo: el médico tiene los medios para ayudar, y el enfermo necesita esos medios. Es una relación prácticamente vital.

También aparece esta relación entre la oveja y el pastor.

Al enfermo se le ha quitado la salud; a la oveja se le ha quitado aquello que necesita para vivir, por eso necesita del pastor.

Y esta es una imagen muy interesante, porque bíblicamente el pastor es imagen de Dios.

Este pueblo lo que necesita es a Dios.

Por eso Cristo responde, lo busca y lo ayuda a encontrar a ese Dios.

Los medios serán precisamente la comunidad apostólica. Aquellos a quienes ha llamado serán los medios para que el pueblo pueda sentir esta experiencia de Dios.

Por eso aparece la lista de los Doce.

Son hombres ordinarios. No son superhombres. Pero son hombres a quienes el Señor irá capacitando para ser después esta comunidad que acoge y acompaña en nombre de Cristo. Y queda clara la acción.

Esta comunidad no tendrá solamente una tarea de adoctrinamiento, sino que proclamará que el Reino de Dios está cerca a través de signos muy concretos: curar enfermos, limpiar leprosos, expulsar demonios, resucitar muertos.

Es decir: signos de vida, de salvación y de curación.

Hoy, creo que los retos de la Iglesia vuelven a ser los mismos.

Miramos un mundo sin Dios, y este mundo que ha hecho a un lado a Dios está sufriendo las consecuencias de ello.

No porque Dios se haya ido, sino porque al alejarnos nosotros de Dios viene el dolor, el sufrimiento y el sinsentido.

Por eso la Iglesia está aquí: para ser, en nombre de Cristo, esa Iglesia que ayuda a los hermanos a reencontrar el sentido de la vida y, por supuesto, a llenarlos de la vida de Dios.

Nuestra tarea como discípulos.

Hoy, al iniciar este segundo sermón sobre la misión, asumamos que todos tenemos una tarea misionera.

Quisiera terminar, como en otras ocasiones, recordando al papa san Juan Pablo II. Él nos dice una frase muy bella en torno a la misión, pero que también se convierte en un reto:

“La Iglesia necesita muchos y cualificados evangelizadores que, con nuevo ardor, renovado entusiasmo, fino espíritu eclesial, desbordantes de fe y esperanza, hablen cada vez más de Jesucristo.”

Muchos hermanos necesitan de la Palabra de Cristo.

Asumamos nuestra tarea y compartamos con ellos la alegría del Evangelio.

Feliz domingo. Dios te bendiga.

Pbro. Víctor Hugo García Anaya 13 de junio de 2026
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