En este domingo escuchamos esta narración de san Mateo, donde él mismo nos presenta su llamado: cómo fue que recibió esta invitación a seguir a Jesús.
Quisiera detenerme en algunos detalles importantes de la narración.
Primero, propiamente la vocación ocupa apenas dos renglones. Es una narración muy pequeña, pero no por eso poco profunda. En dos renglones, san Mateo nos dice que el Señor apareció, lo llamó, él respondió y se fue detrás de Él.
Hay muchas cosas en esas líneas, y creo que es importante compartirlas.
Lo primero es detenernos en la palabra de Jesús: “Sígueme”.
Una palabra tan suya que por eso aparece continuamente en los Evangelios.
Comúnmente, la gente nos identifica por palabras que repetimos mucho. A mí luego me dicen: “Ah, ya lo identifico, usted dice esta palabra”. Y así sucede también en el Evangelio: hay palabras que identifican a Jesús. Una de ellas es “Sígueme”.
Es una palabra que Jesús decía, y que quedó guardada en el corazón de quienes la escucharon.
Pero hay algunas cosas importantes que debemos mirar detrás de esta invitación de Jesús a seguirlo.
Lo primero es que, ante una invitación como esta, se necesita una actitud de escucha, de poner atención. Y, por otro lado, también debe haber una cierta admiración, un cierto reconocimiento hacia la persona que habla.
No es lo mismo que cualquier persona venga y te diga algo, a que te lo diga alguien a quien miras con respeto, alguien a quien admiras, alguien importante en tu vida. La fuerza de la palabra depende también de quién la dice, de la manera, del tono, de la cercanía.
Y creo que esta palabra hace eco porque la persona que escucha esta invitación busca algo nuevo, busca algo diferente. Por eso la palabra “Sígueme” resuena.
Este es un primer dato que me gustaría poner a tu consideración.
Otro dato importante que nos dice san Mateo es que él estaba en su labor cotidiana. Estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos, y es ahí donde el Señor va.
El Señor no nos llama desde lejos. El Señor se involucra en la vida cotidiana y ahí, en lo cotidiano, se acerca. Ahí donde estaba Mateo; como también se acercó a los primeros discípulos, a Pedro, Santiago y Juan, que estaban remendando sus redes en la barca.
Hasta ahí va el Señor.
Es interesante cómo el Señor tiene esta actitud de ir al encuentro y de llegar hasta nuestros lugares. Ahí es donde Él tiene este encuentro con nosotros.
¿A qué se dedicaba san Mateo?
Nos dice el texto que se dedicaba a recaudar impuestos. A estas personas que tenían esta tarea se les llamaba publicanos.
Este título de publicano, de recaudador de impuestos, me gustaría que lo viéramos desde dos perspectivas.
Primero, desde lo que significaba para las personas de aquel tiempo. Porque vemos en varias ocasiones que los Evangelios dicen que Jesús se sentaba a comer con publicanos y pecadores.
¿Quiénes eran estos publicanos?
Primero hay que decir que eran personas del pueblo judío, pero que se dedicaban a cobrar impuestos para el imperio que los dominaba: Roma.
¿Qué implicación tenía esto para la gente?
Primero, mirar en estas personas a pecadores, porque estaban colaborando con quienes dominaban al pueblo de Israel. ¿Cómo era posible que estuvieran cobrando impuestos para Roma?
Y no solamente eran vistos como pecadores, sino también como traidores a la patria. Ahora que está tan de moda hablar de los traidores a la patria, podríamos decir que así eran vistos ellos.
Y no solo eso. También se les atribuía una personalidad banal: parecía que nada les importaba, que solo buscaban estar bien ellos mismos.
Por supuesto, hablar de este espacio de los publicanos era hablar también de un lugar donde era fácil corromperse.
Recordemos que hay otro personaje en los Evangelios que también es publicano y que va a tener un encuentro con Jesús. No aparece en san Mateo, sino en el Evangelio de san Lucas: Zaqueo.
Imagínense qué tan posible era caer en la corrupción en ese ambiente, que cuando Zaqueo tiene este encuentro con Jesús y lo recibe en su casa, dice: “Señor, si he defraudado a alguien, le voy a restituir mucho más”.
Era fácil la corrupción en ese ambiente.
Pero, ¿qué significaba para Mateo ser publicano?
Para él significaba tener una buena vida, un medio para tener lujos, asegurar el futuro. ¿Por qué no? Esa banalidad de la cual lo acusaban, y que quizá otros también querían, aunque se hicieran los santos.
Lo criticaban, pero también lo buscaban.
El dinero te relaciona con personas importantes, con personas de poder.
Pero entonces, ¿por qué san Mateo responde tan inmediatamente a la invitación de Jesús?
Yo creo que algo sucedió en san Mateo, y sucede también en nosotros: no siempre tenemos todo lo que necesitamos.
Podemos tener muchas cosas, pero quizá no tenemos lo que realmente necesitamos.
San Mateo tenía muchas cosas, pero no tenía lo que necesitaba. Tenía todo, humanamente hablando, pero había en él un gran vacío interior.
Y esto es lo que desata el encuentro. Esto es lo que permite iniciar un cambio de vida.
En la figura de san Mateo se unen aquel que puede darlo todo con aquel que no tiene nada. Un encuentro perfecto: el que lo tiene todo y puede darlo todo, con el que no tiene nada y desea recibir.
Por eso es interesante la comparación que vendrá después: el enfermo con el médico.
Por supuesto que hay una relación profunda, porque uno puede dar la salud y el otro la necesita.
¿Cuántas veces nosotros podemos vernos reflejados en san Mateo? Parece que tenemos todo, pero estamos vacíos.
En este domingo vamos a pedirle a san Mateo que nos permita encontrarnos con ese Jesús con quien él se encontró.
Pidamos tener el oído bien afinado, porque continuamente el Señor nos dice: “Sígueme”.
Y hoy es una oportunidad para quitar el nombre de Mateo y poner tu propio nombre.
“Sígueme”.
Ojalá tú también estés en esa búsqueda de algo nuevo, de algo diferente. Y esa novedad la vas a encontrar en la persona de Jesús.
Simplemente concluiría con esta frase de una santa que ya sabes que me cae muy bien y quiero mucho, santa Teresa de Ávila:
“Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta”.
Que san Mateo interceda por nosotros.
Ánimo a seguir a Jesús. Feliz semana. Dios te bendiga.