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Sobre esta piedra

Reflexión del XXI Domingo del Tiempo Ordinario – 23 de agosto de 2026
21 de agosto de 2026 por
Pbro. Víctor Hugo García Anaya

Este domingo llegamos a un momento muy importante dentro del recorrido que hemos venido haciendo por el Evangelio según san Mateo.

Ya hemos meditado tres de los grandes discursos de Jesús: el Sermón de la Montaña, el Sermón de la Misión y el Sermón de las Parábolas. Entre ellos, hemos contemplado distintas acciones y milagros de Jesús, siempre dentro de un mismo anuncio: la llegada del Reino de Dios.

No debemos olvidar que a eso vino Cristo.

Vino a dar su vida por nosotros, a salvarnos y a llevarnos al Padre, pero todo ello dentro del anuncio de un Reino que ya está presente entre nosotros por medio de Él y que llegará a su plenitud en la vida eterna.

Este Reino busca que Dios reine verdaderamente en el corazón de todos los seres humanos y que, reinando en nosotros, el pecado y el mal ya no tengan cabida en nuestra historia.

Para ello necesitamos ser testigos, discípulos y misioneros del Señor Resucitado.

«¿Quién dicen que soy yo?»

En este contexto aparece hoy uno de los textos más importantes del Evangelio: la profesión de fe de Pedro.

Jesús pregunta a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Después dirige la pregunta directamente hacia ellos:

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

Pedro responde con todo el corazón:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Pero san Mateo nos ofrece un dato que resulta fundamental para comprender la profundidad de esta escena: nos dice dónde sucede.

Estamos en Cesarea de Filipo.

Cesarea de Filipo: muchos dioses frente al único Señor

Cesarea de Filipo era una antigua ciudad situada al norte de Israel.

Era conocida porque en aquella región se veneraba al dios griego Pan, relacionado con la naturaleza y los pastores. También existían allí diversos altares dedicados a divinidades paganas.

Además, según las creencias de aquella época, se pensaba que una de sus cuevas estaba relacionada con el inframundo.

Era también una región caracterizada por sus manantiales y por un paisaje muy pedregoso.

Todos estos elementos nos ayudan a comprender mejor el Evangelio.

Es precisamente allí, en medio de un lugar lleno de cultos y divinidades, donde Pedro mira a Jesús y proclama:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Podríamos expresar la fuerza de su confesión de esta manera:

  • No hay muchos dioses.
  • Tú eres el Señor.
  • Tú eres el Mesías.
  • Tú eres el Salvador.

No hay lugar para otros dioses

Esta afirmación resulta fundamental para comprender el Reino de Dios.

Si Dios, por medio de Jesús, quiere reinar en nuestros corazones, entonces no puede haber lugar para otros dioses.

Y debemos tener cuidado.

Aunque seamos cristianos, también nosotros podemos permitir que otras realidades ocupen el lugar que solamente corresponde a Dios.

Cuando esto sucede, nos alejamos de la construcción del Reino.

Por eso la profesión de fe de Pedro no es solamente una respuesta correcta a una pregunta de Jesús. Es una declaración que también nosotros debemos hacer nuestra:

Cristo es el único Señor y Salvador.

Nuestra vida cristiana comienza desde este reconocimiento.

«Tú eres Pedro»

Después de escuchar la profesión de fe de Simón, Jesús responde:

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».

La imagen adquiere una fuerza especial precisamente en aquel lugar pedregoso.

Pedro se convierte en signo de la presencia de Dios que continuará acompañando a la Iglesia en su misión de construir el Reino.

Será ese hermano mayor encargado de acompañar y fortalecer la vida de la comunidad cristiana.

Más adelante, en los Hechos de los Apóstoles, lo veremos precisamente desempeñando esta misión: sosteniendo y fortaleciendo a aquella comunidad fundada por Jesús.

Pero la piedra sobre la que se construye no puede entenderse separada de aquello que Pedro acaba de proclamar.

Todo comienza con Cristo.

¿Quién está en el centro de nuestra vida?

Este Evangelio tiene mucho que decirnos también hoy.

  • Podemos realizar muchas acciones pastorales.
  • Podemos tener catequesis.
  • Celebrar la Eucaristía.
  • Servir a los pobres.
  • Participar en distintas actividades de la Iglesia.
  • Todas ellas pueden ser acciones buenas y necesarias.

Pero si Cristo no está en el centro, estamos caminando por otro sendero.

Si Cristo no es el centro de nuestras acciones y de nuestra vida, no estamos construyendo verdaderamente el Reino.

Por eso la pregunta que Jesús hizo a sus discípulos en Cesarea de Filipo sigue dirigida a cada uno de nosotros:

«Y tú, ¿quién dices que soy yo?»

No basta responder únicamente con palabras.

Nuestra manera de vivir tiene que mostrar quién es Cristo para nosotros.

Construir nuestra vida desde Cristo

Pidamos hoy al Espíritu Santo que, así como permitió a Pedro reconocer en Jesús al Mesías y al Hijo de Dios vivo, también nos ayude a nosotros a reconocer que Cristo es el único Señor.

  • Que desde Él construyamos nuestra vida.
  • Que desde Él vivamos nuestra fe.
  • Que desde Él sirvamos a nuestros hermanos.
  • Que desde Él realicemos cada una de nuestras acciones.
  • Y que solamente en Cristo reconozcamos a nuestro único Salvador.

¡Feliz domingo!

Pbro. Víctor Hugo García Anaya 21 de agosto de 2026
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