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Todos tenemos algo que aportar al Reino de Dios

Reflexión del XVII Domingo del Tiempo Ordinario – 26 de julio de 2026
25 de julio de 2026 por
Pbro. Víctor Hugo García Anaya

Seguimos recorriendo el Evangelio según san Mateo. Recordemos que está estructurado en torno a cinco grandes discursos de Jesús. Desde hace algunas semanas meditamos el tercero de ellos: el Sermón de las Parábolas.

Las parábolas son una forma muy característica de enseñar de Jesús. A través de imágenes sencillas tomadas de la vida cotidiana, nos ayudan a comprender qué significa construir el Reino de Dios y cómo podemos colaborar con Él para hacerlo presente en nuestra historia.

Un tesoro que reúne lo antiguo y lo nuevo

Entre las parábolas proclamadas este domingo, quisiera detenerme en la última.

Jesús dice:

«Todo escriba instruido en las cosas del Reino de los Cielos se parece a un padre de familia que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.»

Es una imagen sencilla, pero profundamente significativa.

Con frecuencia pensamos que para construir el Reino de Dios solo hacen falta novedades. Otros, en cambio, creen que únicamente debemos mirar al pasado.

Sin embargo, Jesús nos muestra un camino distinto.

El padre de familia sabe valorar tanto lo nuevo como lo antiguo. Reconoce que ambos forman parte de un mismo tesoro.

Así sucede también en la vida de la Iglesia.

Cada persona, cada generación y cada momento de la historia tienen algo valioso que aportar al Reino de Dios.

Nadie queda fuera del Reino

El Reino de Dios consiste en permitir que Dios reine en el corazón de los seres humanos. Cuando esto sucede, la historia comienza a transformarse.

Por eso nadie puede pensar que ya no tiene nada que ofrecer.

  • Ni quien es muy joven.
  • Ni quien ha llegado a la vejez.
  • Todos podemos servir.
  • Todos podemos anunciar.
  • Todos podemos dar testimonio.

Cada uno, desde su propia vocación y circunstancias, participa en la construcción del Reino.

El lugar de los abuelos en la Iglesia

Esta enseñanza adquiere un significado muy especial al celebrar hoy la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Adultos Mayores.

Cuando el papa Francisco instituyó esta jornada quiso recordarnos que los adultos mayores no son espectadores de la vida de la Iglesia, sino protagonistas de su misión.

No pueden sentirse apartados ni pensar que su tiempo ha terminado.

Tampoco la comunidad cristiana puede relegarlos.

Al igual que el padre de familia del Evangelio, ellos continúan sacando de su experiencia, de su sabiduría y de su fe un tesoro que enriquece a toda la Iglesia.

«Yo no te olvidaré»

En el mensaje preparado para esta jornada, el papa León XIV retoma una hermosa expresión inspirada en el profeta Isaías:

«Yo no te olvidaré.»

El Papa recuerda que muchas personas mayores experimentan la dolorosa sensación de sentirse olvidadas o de pensar que ya no interesan a nadie.

  • Por eso nos invita a acercarnos a ellas.
  • A visitar a nuestros abuelos.
  • A acompañar a quienes viven solos.
  • A estar cerca de los enfermos.

Y a hacerles llegar este mensaje lleno de esperanza:

  • No están solos.
  • La Iglesia no los olvida.
  • El Papa no los olvida.
  • Y, sobre todo, Dios nunca deja de acompañarlos.

Todos somos parte de la familia de Dios

Los adultos mayores siguen construyendo el Reino de Dios.

Lo hacen con su oración. Con su paciencia. Con el testimonio de toda una vida. Con la sabiduría que solo dan los años vividos en la fe.

También nosotros estamos llamados a valorar ese regalo y a reconocer que cada generación aporta algo único a la vida de la Iglesia.

Pidamos al Señor que aprendamos a mirar a nuestros mayores con gratitud, cariño y respeto.

Que sepamos acercarnos a ellos y recordarles que siguen siendo una parte indispensable de esta gran familia que es la Iglesia.

  • Porque en el Reino de Dios nadie sobra.
  • Todos somos llamados.
  • Todos tenemos algo que aportar.
  • Y todos caminamos acompañados por el Señor.

¡Feliz domingo!

Que Dios te bendiga.

Pbro. Víctor Hugo García Anaya 25 de julio de 2026
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